Lo que para unos resulta el momento más inaguantable de la rutina social, para mi resulta un privilegio.
Que llega, no llega, viene tarde, se retrasa. Ese tiempo en el que frecuentes miradas van de aquí para allá: buscando, contando, calculando; es el que verdaderamente nos pertenece.
Esperar no implica estar sentado o parado en un sitio hasta que llegue la hora o la persona pre establecida. Esperar es el momento en que uno puede tomarse un respiro y observar, dejarse llevar, perderse en recuerdos, sueños, anhelos, deseos; sin que nadie te someta al rigor de la tiempo.
Sentado en un banco, de pie en una grisácea moqueta de asfalto o si se quiere observando la espuma de tu bebida. La vista, la mente y tu viajáis sin más sometimientos que el de estar en el lugar determinado hasta que llegue el momento previamente concretado, pero todo el momento anterior, le pertenece a uno.
Hace 13 horas
